Rolling Lemons que cuenta con 6 añitos de historia y tiene uno de los pilares de su existencia en el equipo de patinaje de velocidad.
Fue la primera sección y para la cual se organizó el club. Los patinadores iban adquiriendo nivel y surgió la necesidad de salir a competir. Y gracias a estos primeros patinadores, se empezó a ver a nuestro club en el resto de la geografía nacional. Luego vino el freestyle, el hockey, artístico… con mucha fuerza por cierto. Son muchos los patinadores de freestyle y los jugadores de hockey e incluso artístico que han dado sus primeros pasos en el patinaje de velocidad. Es difícil hablar de Rolling Lemons sin hablar de este deporte.
Cabe destacar la actitud de patinadores y familias del equipo. Sufridores desde el primer día. 6 años entrenando en la calle, viajando a otros lugares para poder competir y recibiendo de lo lindo en trofeos y ligas fuera de nuestra comunidad; pero siempre comprometidos con todo.
Ilusionados con posibles proyectos de pistas. Esperando impacientes cada año para ver donde toca entrenar la siguiente temporada. Preguntándose: ¿donde iremos este año? ¿podremos rodar todos a la vez? ¿habrá sitio para dar la curva? ¿como será esta vez el suelo?
Eso si, este equipo cuenta con la instalación que nunca falla, la calle. Concretamente el polígono. Y van todos, de todas las edades, desde los 5 años hasta los master. Da igual el frio, el agua, la niebla… vivir en Valladolid conlleva aguantar estas cosas. Y todos aguantan estoicamente, no podemos suspender 4 meses de entrenamiento en plena temporada, así que abrigarse y a entrenar. Manos congeladas, resbalones en el agua y constipados varios de los más pequeños son las consecuencias de los entrenos en invierno.
Pero la realidad es que el equipo se lo pasa bien, tienen un ambiente inmejorable. Acogen a los nuevos como si fueran de toda la vida, saben que los inicios son muy duros y no todos aguantan.
Toman la falta de servicios como algo normal, lo llevan viendo toda su vida. Incluso con humor, cuando tienen que excusarse en medio de una tierra, meterse todos en los coches de los entrenadores cuando la lluvia es intensa, utilizar las aceras de las calles como vestuario o colarse por una valla para acceder al lugar de entrenamiento. Aunque no es para broma las lesiones y heridas atendidas tumbados en el suelo, donde un lugar de atención sería un privilegio.
A pesar de todo, siguen entrenando, siguen compitiendo, siguen formando parte del club de sus amores que tan dentro llevan. Al fin y al cabo este club es suyo, ellos lo crearon y no hay problema, ni obstáculo que pare a estos chicos y a sus familias. El equipo de velocidad está hecho de otra pasta y se lo merece todo, aunque hoy por hoy en lo que a instalaciones se refiere, no tengan prácticamente nada.
Pablo López
