No suelo escribir este tipo de notas, pero es algo que me apetecía hacer.
No descubro nada nuevo si digo que nuestros chicos de Rolling Lemons son, sin duda, un ejemplo de deportividad. Desde hace casi cuatro años que comenzamos con este proyecto y empezamos a competir en diferentes modalidades, les hemos inculcado a nuestros deportistas unos valores que se basan en el respeto, la humildad, el esfuerzo y la diversión con el deporte. Y quizás ahora que han pasado estos años vemos que todo ha servido para que nuestros chicos sean un ejemplo dentro y fuera de la pista. Hablo de todos y de cada uno de los equipos: los chicos de velocidad que animan y gritan a sus compañeros cuando no les toca correr, que se esperan en la meta para comentar la carrera, que felicitan al ganador cuando pierden y siempre saludan al rival. Hablo del equipo de freestyle, que en cada jornada establece lazos de amistad con patinadores de otros equipos, que se chocan las manos después de cada ronda, que se transmiten la energía necesaria para volar por encima de la barra y los conos, hablo también de los patinadores de skate cross que luchan con coraje en las carreras, de las chicas de artístico que se toman muy en serio los consejos de su entrenadora y trabajan duro por llegar a su objetivo y también hablo de los chicos de hockey que paran un partido cuando un jugador se lesiona, que se levantan y animan en la derrota y se abrazan y celebran en la victoria.
Y todo esto viene provocado por el comportamiento de mis chicos de Celtíberos (uno de los equipos de street hockey del club donde juego). Parece que todos estos valores se han dado en un fin de semana. Un equipo que hace apenas cuatro semanas estaba totalmente roto, que se quedó sin entrenador y una de sus piezas claves en el campo y que se ha levantado gracias a esta cantera de jugadores. Cuatro niños y tres adultos que se han criado y han mamado el club desde sus inicios y han dicho “aquí estamos y esto sigue”. Por eso han luchado y trabajado como equipo, con toda su garra y al máximo de sus posibilidades. Jugando contra equipos de adultos, apoyados desde la grada por nuestro jugador lesionado que viene al vestuario a desearnos suerte. Y quizás por eso he vuelto a disfrutar del hockey, he vuelto a celebrar los goles gritando, saltando y abrazando a mis compañeros. Cantando en el vestuario y sonriendo en el campo, como en los inicios; como cuando jugábamos sin complejos ante equipos superiores y cada gol era una locura… esos Celtíberos con Rubén, Carlos y José que jugaban con más corazón que cabeza.
Parece que todo lo que les hemos enseñado a nuestros chicos nos vuelve ahora multiplicado por 10. Por eso le doy las gracias a mi equipo, los Celtíberos y a todos los equipos, por ser 100% Rolling Lemons y por hacerme estar orgulloso de pertenecer a este club.
Mientras haya un celtíbero, yo lucharé a su lado.
Pablo.
