ORGULLO Y DINAMITA

marzo 24, 2016

El guerrero celtíbero siente nervios la noche anterior de emprender el viaje, prepara su armadura, su casco de pelea, su arma en forma de stick, viste sus colores y guarda cuidadosamente su arsenal de batalla. Al día siguiente se levanta temprano y se une al resto de valientes, que acompañados siempre del resto de su aldea, defenderán sus colores en la contienda.

El día antes de la lucha se dan el típico festín, degustan exquisitas viandas, brindan, ríen, vacilan y pelean amistosamente. Saben que esta vez son más vulnerables, los gladiadores más fuertes están heridos y no pueden acompañarles. En su lugar los jóvenes guerreros se van a enfundar su uniforme para luchar en una desigual cruzada, donde irán sin miedo y paso firme.

En la mañana los nervios afloran, no es miedo ni pánico, son ganas de salir al campo donde se decidirá un vencedor, son ganas de luchar, son ganas en definitiva de enfrentarse al adversario, sea quien sea. Un guerrero celtíbero, siempre respeta al contrario, ya que lejos de ser un enemigo es un guerrero al que se le quiere y del que se busca una buena liza.

El desafío comienza, los corazones del pueblo amarillo laten diferente, todos en casa saben que en la lejanía nuestros guerreros están en la batalla y se impacientan por saber cómo va todo. Las noticias no son buenas, nuestros luchadores sacan raza, orgullo y dinamita, pero caen en la contienda. Pero una derrota no es un desastre cuando se lucha hasta el último aliento, cuando caes y te levantas una y otra vez, cuando buscas recompensa cuando todo está perdido.20160320_122341

Los celtíberos se reagrupan, se miran y esa conexión devuelve mucha más energía que cualquier victoria, nuestros valientes guerreros se conjuran, gritan y se apoyan, queda otra dura batalla y en sus mentes no existe la rendición.

El segundo duelo se libra contra un ejercito que nos duplica en número y en tamaño, pero no hay miedo, salimos perdiendo en el cuerpo a cuerpo. Nuestros soldados van cayendo en la pelea, las lesiones no amilanan a este ejercito que se levanta y contraataca y al final la dulce recompensa de la victoria, esta vez sí.

Atrás queda está temporada, con un gran resultado, en un escenario «street», que es muy posible no se vuelva a pisar.

Y ahora solo queda el recuerdo, el recuerdo de como Celtíberos vuelve a levantarse una vez más, de cómo nuestros guerreros se multiplican, de como el orgullo de vestir unos colores mueve lo que tenga que mover y empuja lo que tenga que empujar para sacar la carga que hace falta para enfrentarse a quien sea, donde sea y cuando sea.

¡Celtíberos! GO! GO! GO!

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