Amanece un día con mucha luz, la misma que emana el grupo, dispuesto a compartir unas cuantas horas rodando juntos; en el microbús, buen ambiente y buen humor, se respiran muchas ganas.
La ruta no empieza de la forma idílica imaginada; como bienvenida, una cuesta de bajada, que se afronta con decisión, pero que nos pilla en frío, y deja a algún accidentado y algo tocado el ánimo del grupo; a pesar de todo, seguimos adelante, aunque con nuevos compañeros, no deseados, que se pegan a nosotros, cierto temor y mucho calor. A medida que transcurre la ruta y el día, con mucho humor y más animados, vamos dejando atrás ese miedo y, aunque el camino permite pocos despistes, disfrutamos del campo en todo su esplendor en esta época, de las subidas y de las bajadas, y de algún llano.
El momento de la comida resulta muy distendido, nos encontramos con dos miembros esperados que también van sobre ruedas, dos cada uno, las bicis; nos refrescamos y cogemos fuerzas para el siguiente tramo, que resulta de lo más agradable, aunque también durillo; el calor y el cansancio provocan que paremos antes de lo esperado, nos merecemos un momento de relax antes del retorno casa; cañitas, picoteo y buena compañía.
Nuestros “pequeños”, una vez más, demuestran ser muy, muy grandes, ni un problema en todo el día, y es que van “rodados”.
Convivir en esta ruta ha consolidado el grupo, cada uno con lo mejor que ha podido o sabido hacer, para llevar a buen fin el camino; por eso el slogan del club cobra mucho sentido después de este día juntos, “no solo ruedas, no ruedas solo”; y no sólo las ruedas de nuestros patines, también las cuatro ruedas de las dos bicicletas que nos acompañaron una parte del camino, de gran ayuda para algunos en momentos de crisis; muy grandes también esos dos ciclistas dispuestos a mover cualquier rueda.
Una ruta intensa, de emociones y sensaciones. ¡A por la próxima!
