Historia

El Club Deportivo Rolling Lemons comenzó sus andanzas en marzo de 2011, pero tres años antes ya se había sembrado la semilla en la pista exterior del parque municipal de Renedo de Esgueva. Allí un joven monitor comenzó a promover el patinaje entre sus vecinos y poco a poco el número de participantes en la actividad fue creciendo, de modo que el ambiente familiar atraía a nuevos patinadores.

El número de patinadores era importante y la iniciativa del monitor se extendió a otros municipios como Boecillo, Aldeamayor o Valladolid con las mismas ganas de diversión. Finalmente, entre los propios patinadores de la actividad renediense se forjó la idea de crear un club deportivo, ya que en ese momento las pachangas y torneos internos que se organizaban eran muchas. Así se creó el club y empezó a funcionar después de un primer intento fallido con otro nombre que no cuajó.

Rolling Lemons fue el producto de los propios patinadores del club, cuyas ideas impulsaron la nueva identidad, no así el “rollito” mascota que desde un principio acompañó la imagen de todos los patinadores y es que tener a nuestro “rollito” en la camiseta es un orgullo tanto para los más pequeños como para los mayores.

Los sufridos patinadores pasaron de la calle a algún polideportivo que se podía conseguir aunque fuera a ultimísimas horas y después llego La Limonera “nuestro pequeño gran recinto”.

La idea del club fue evolucionando marcada por dos elemento importantes: primero, los patinadores iniciales iban alcanzando un buen nivel; y segundo, la oleada de pequeños patinadores que entró en un club dirigido, en un primer momento, hacia adultos. Todo esto desembocó en el aumento de modalidades y en competiciones. La ligas y campeonatos internos, las rutas urbanas, los viajes… estaban y están muy bien, pero se exigía la posibilidad natural de salir a competir fuera, sin dejar a un lado estas que gozan de muy buena salud.

El “saber hacer” del club se fue trasladando y extendiendo por otros puntos y el orgullo rollito contagiaba a patinadores de otros muchos lugares, así los limones entablaron amistades en muchas ciudades, incluso traspasando fronteras y así queremos que siga ocurriendo.

Los monitores, base principal en la que se sujeta el club, empezaron a formarse más y más cada uno en la modalidad que más le gustaba y fueron trasmitiendo su ilusión por este deporte a los demás deportistas. Aparecieron los colaboradores, sin duda realizando un trabajo excelente que quitaba dolores de cabeza a los responsables del club y daban una imagen más profesional del club.

Y el club empezó a crecer con el patinaje de velocidad, siendo esta la primera sección en aparecer, agrupando a los más pequeños. Después llegó el street hockey donde aquellos patinadores que jugaban pachangas por las noches en el frontón de Boecillo o en la pista roja de Renedo ahora viajaban a otras ciudades y siempre con la misma ilusión. Y después llegó el freestyle con un gran grupo de patinadores de todas las edades que compiten al máximo nivel nacional. Y no son las únicas modalidades, pues tenemos patinaje artístico, roller derby, skate cross, roller soccer y muchas más que ya se practican y seguro irán evolucionando.

De esta forma podemos considerar a Rolling Lemons no solo como un club si no como una familia de patinadores que se divierten haciendo el deporte que más les gusta sin importar su edad o nivel. Cualquier patinador evoluciona hacia su pretensión final, ya sea salir y patinar por la calle o competir en una liga federada.

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